¿Un Árbol sin Raíces?
manusaldiaskuhlmann @ 02:07
Cristianismo y Unión Europea
Europa avanza hacia una cada vez mayor unión económica y política. Es en este contexto que los ciudadanos del viejo continente -específicamente los de la Unión Europea- han decidido darse un cuerpo normativo básico y representativo; esto es, una Constitución “propiamente europea”. Parece haber consenso entre los diversos sectores de opinión respecto de la necesidad de una carta magna común. Con todo, uno de los mayores debates se dio algún tiempo atrás en torno a la redacción del preámbulo, en el borrador de ese texto legal... Así es como terminó por omitirse en forma notoria y conciente cualquier alusión directa a Dios o al Cristianismo. Procedió entonces el legislador a leer orgulloso y con voz ceremoniosa, la primera frase de su anhelada Constitución: “Con la inspiración de las herencias culturales, religiosas y humanistas de Europa...” ¡Bah! ¿Qué pasó? Bueno, resulta fácil notar que se borró de un plumazo toda la herencia religiosa cristiana, que ha dado forma al continente en cuestión, por más de mil años. ¿Cómo se explica esto? El breve pero trascendental rechazo encuentra su origen en la influencia de un movimiento que, al ser excluyente, se sitúa -en forma paradójica- en la antípoda de aquello que pretende ser: uno de carácter “neutral”. Me refiero al laicismo “de corte volteriano”, o si se quiere, al laicismo “antirreligioso”, que dista bastante de uno “a-religioso” o “no confesional”. Efectivamente, ya se hace la distinción entre “laicismo” y “laicidad”, siendo el segundo la exageración del primero. Pues bien; fue justamente ese extremo lo que finalmente terminó por imponerse en la redacción de la Carta Fundamental europea.
Los laicistas arguyen una serie de razones para defender la mentada omisión, siendo las más emblemáticas las siguientes:
- O bien miramos nuestra historia y encontramos a la herencia cristiana(...) o miramos nuestro futuro(...) es decir, una sociedad europea que debe hacer del laicismo un valor fundador. No entiendo por qué tendría que oponerse una cosa con la otra: Podemos reconocer el pasado, sin cerrarnos a la perspectiva del futuro. De hecho, según un defensor de las raíces cristianas, “(...)pertenece a nuestra condición de seres humanos vivir históricamente, (...)esto significa que los hombres de cada generación asumen las posibilidades creativas que les han transmitido las generaciones anteriores(...) Transmitir viene del latín tradere, de donde procede tradición(...)”
- La separación de la Iglesia del Estado -que en Francia es absoluta- es uno de los mayores logros de la cultura cívica europea. Una dimensión religiosa(...) comporta más riesgos que ventajas(...) Primero que todo, frente a esto, cabe señalar que las referencias a Dios o al Cristianismo se encuentran presentes en las Constituciones de una serie de países europeos que -en conjunto- abarcan más de la mitad de la población europea. Por otro lado, resulta una suerte de “imperialismo cultural” -según algunos ya han advertido- el hecho de establecer en la Carta común un modelo de laicismo que sólo se ve en Francia. ¿Qué sucede con los restantes veinticuatro Estados que conforman la Comunidad?
- La Unión Europea no podría sostener su lema “Unión en la Diversidad” si enuncia la exclusividad de la herencia religiosa cristiana. En cuanto a esto, cabe señalar que el Cristianismo no es excluyente, sino integrador. Por otra parte, nadie alega la “exclusividad”, toda vez que se está planteando una enmienda que agregue la expresión “especialmente cristianas”, haciendo énfasis en ese carácter, sin negar otras realidades. En tercer lugar, el reconocimiento de una realidad histórica como el Cristianismo no discrimina a nadie ni menos supone confesionalidad alguna: la historia fue así, guste o no. Finalmente, ¿Quién niega la tolerancia existente hacia comunidades no cristianas en Inglaterra, Dinamarca, Finlandia, Grecia o Malta? Nadie se escandaliza porque todos ellos sean hace rato Estados confesionales cristianos... ¡Sí, en pleno siglo XXI! Es más; siendo verdaderos modelos de integración, ni siquiera el Papa postula la confesionalidad de un futuro Estado “europeo”.
Los laicistas han pretendido convertir el laicismo en su propia religión, acabando de paso con el ejercicio de toda libertad religiosa, como en el peor de los fundamentalismos. No nos confundamos si –haciendo mal uso de una célebre frase- nos llegan algún día a decir: “Dad al César lo que es del César, pero también lo que es de Dios”.

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